Dormir bien no es un lujo: así protege el sueño tu salud física y emocional

Dormir permite que el cerebro regule las emociones y que el organismo mantenga funciones esenciales. Cuando el descanso es insuficiente o de mala calidad, no solo aparece cansancio: también pueden alterarse el ánimo, la concentración y, a largo plazo, la salud física.

¿Cuántas horas necesitamos dormir?

Las necesidades varían según la edad y la persona, pero las recomendaciones generales establecen:

  • Adolescentes: entre 8 y 10 horas.
  • Adultos: entre 7 y 9 horas.
  • Mayores de 65 años: entre 7 y 8 horas.

La Academia Americana de Medicina del Sueño recomienda que los adultos duerman regularmente un mínimo de siete horas. Sin embargo, no importa únicamente el tiempo: también cuentan la continuidad, la regularidad y la sensación de descanso al despertar. Dormir ocho horas con numerosos despertares puede no resultar reparador. (AASM–SRS; National Sleep Foundation)

Cuando dormimos poco, nuestras emociones lo notan

Después de una mala noche solemos estar más irritables, sensibles o impacientes. También puede disminuir nuestra tolerancia a la frustración y aumentar la dificultad para gestionar el estrés.

Un conocido estudio de neuroimagen observó que la privación de sueño incrementaba la respuesta de la amígdala —una región cerebral relacionada con las emociones— y reducía su conexión con las áreas encargadas del control racional. Esto puede explicar por qué, cuando estamos cansados, reaccionamos de forma más intensa ante situaciones cotidianas. (Yoo et al., 2007)

Cuando los problemas de sueño se mantienen, la relación con la salud mental se vuelve más importante. Las investigaciones muestran que el insomnio persistente se asocia con una mayor probabilidad de desarrollar síntomas depresivos y de ansiedad. Esta relación es bidireccional: los problemas emocionales pueden dificultar el descanso y dormir mal puede empeorar nuestro estado psicológico. (Hertenstein et al., 2019)

Además, un metaanálisis de ensayos clínicos encontró que mejorar el sueño también produce mejoras en la depresión, la ansiedad y el estrés. Por tanto, cuidar el descanso puede formar parte del cuidado de nuestra salud emocional. (Scott et al., 2021)

¿Cómo afecta al organismo?

A corto plazo, dormir poco puede producir:

  • Fatiga y somnolencia durante el día.
  • Menor capacidad de atención y memoria.
  • Reacciones más lentas.
  • Mayor riesgo de cometer errores o sufrir accidentes.

Cuando la falta de descanso se repite, puede alterar la regulación del apetito, la glucosa, la presión arterial y la respuesta inflamatoria. Los estudios observacionales relacionan el sueño insuficiente o de mala calidad con una mayor probabilidad de obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión y enfermedades cardiovasculares. Por esta razón, la Asociación Americana del Corazón considera actualmente el sueño como uno de los pilares de la salud cardiovascular. (St-Onge et al., 2025)

Esto no significa que una sola noche de mal descanso provoque una enfermedad. El problema aparece cuando dormir mal se convierte en un patrón habitual. Del mismo modo, dormir muchas horas no es necesariamente perjudicial, pero una necesidad persistente de más de nueve horas acompañada de cansancio puede indicar algún problema de salud que conviene valorar.

Pequeños hábitos que ayudan a descansar mejor

  • Mantener horarios similares para acostarse y levantarse.
  • Exponerse a luz natural y realizar actividad física durante el día.
  • Evitar cafeína durante la tarde o la noche.
  • No utilizar el alcohol como método para conciliar el sueño.
  • Reducir la luz intensa y la actividad estimulante antes de acostarse.
  • Mantener el dormitorio oscuro, tranquilo y confortable.
  • Evitar automedicarse con melatonina o fármacos para dormir.

Si existe insomnio crónico, la terapia cognitivo-conductual para el insomnio es el tratamiento de primera elección según la guía clínica europea de 2023. (Riemann et al., 2023)

¿Cuándo debemos consultar?

Conviene solicitar una valoración profesional si los problemas de sueño son persistentes, afectan a la vida diaria o aparecen ronquidos intensos, pausas respiratorias, sensación de ahogo durante la noche o somnolencia excesiva durante el día.

Dormir no es tiempo perdido. Es una necesidad biológica y una inversión diaria en nuestra salud física, mental y emocional.

Esta información es educativa y no sustituye la valoración individual de un profesional sanitario.

Referencias bibliográficas

Riemann D et al. The European Insomnia Guideline: 2023 update. Journal of Sleep Research. 2023.

Watson NF et al. Recommended Amount of Sleep for a Healthy Adult: A Joint Consensus Statement. Journal of Clinical Sleep Medicine. 2015.

Hirshkowitz M et al. National Sleep Foundation’s sleep time duration recommendations. Sleep Health. 2015.

Yoo SS et al. The human emotional brain without sleep. Current Biology. 2007.

Hertenstein E et al. Insomnia as a predictor of mental disorders: systematic review and meta-analysis. Sleep Medicine Reviews. 2019.

Scott AJ et al. Improving sleep quality leads to better mental health: meta-analysis of randomised controlled trials. Sleep Medicine Reviews. 2021.

St-Onge MP et al. Multidimensional Sleep Health and Cardiometabolic Health. American Heart Association. 2025.